El continente de la esperanza, como fue llamado por muchos pensadores de los
pasados siglos, se debate hoy ante una de las más serias y peligrosas amenazas
totalitarias. El régimen unipersonal y anti-histórico de Fidel Castro, que se
encuentra ya en la cuenta final de su decadencia física e ideológica, se ha
empeñado en multiplicar en el vasto panorama latinoamericano y del Caribe, los
regímenes subyugados por una vieja y desprestigiada retórica.
Luego de múltiples intentos y de dolorosas derrotas en el Caribe, Centro y
Sur América, logró poner una cabecera de playa en Venezuela, donde se instaló un
obsecuente aspirante a la sangrienta herencia de 45 años de crímenes y violencia.
Castro y Chávez se han convertido en un eje del mal, que utiliza sin sonrojo,
los enormes recursos financieros obtenidos por Venezuela en el mercado energético,
para estimular la subversión y propiciar la instauración de gobiernos de corte
populista, cuyo denominador común es la condena a la globalización y el retorno
a los viejos clisés del anti-imperialismo.
Aunque acaba de recibir una sonora derrota en El Salvador, donde el pueblo
rechazó de manera contundente a los herederos de la guerrilla extremista, este
par de sanguinarios caudillos sigue empeñada en romper las últimas banderas
democráticas y sumir a todo el continente en la más infame tiranía.
Nuestra presencia en esta calle emblemática de las luchas por la libertad
no es otra cosa que la asunción de un solemne compromiso colectivo de emplear
todas nuestras voluntades en la lucha contra la dictadura en todas sus formas.
Estamos aquí como hermanos para dar apoyo real a los venezolanos, que enfrentan
a pecho descubierto, el ataque brutal de una fuerza pretoriana que ha olvidado
las más elementales nociones de decencia; para afirmar nuestra confianza en
el triunfo final de la democracia contra la alianza diabólica de la guerrilla,
el terrorismo internacional y el narco-tráfico en Colombia, Venezuela, Ecuador,
Perú y Bolivia. Nuestro grito quiere llegar, por encima de las 80 millas de
mar, a los oídos de los miles de cubanos en cuya conducta reviven las glorias
de Martí, de Maceo y de todos los grandes de la epopeya de la libertad.
Queremos invitarlos a una nueva cruzada para liberar los lugares santos de
nuestra historia democrática, para ello necesitamos crear fuertes alianzas,
que reciban el apoyo y estímulo de las grandes democracias occidentales y se
preparen para dar la batalla y derrotar, ahora sí, definitivamente a las fuerzas
de la dictadura. Así como los caudillos se unen para financiar sus actos criminales,
debemos nosotros unir esfuerzos y recabar apoyos para construir de nuevo una
esperanza para el continente.